Blog Hepatitis C

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June 2, 2006

Guía para Comprender la Hepatitis C

Filed under: — hepato @ 5:09 pm

 

Autores:
Alan Franciscus
Liz Highleyman 

Revisora médica
Liz Highleyman

Se autoriza y se alienta a la reproducción de este documento siempre que se reconozca la autoría del Hepatitis C Support Project www.hcvadvocate.org

Sección I: Introduction

El virus de la hepatitis C (VHC) es un virus que se transmite por la sangre y que anteriormente se conocía como hepatitis no A/no B. El VHC tiene seis genotipos (subtipos) principales: 1a/1b, 2a/2b, 3, 4, 5 y 6. Los genotipos 1a y 1b, que son los más comunes en los EE.UU. son los más difíciles de tratar. El virus se introduce en el cuerpo mediante la exposición directa a la sangre. Desde allí ataca a las células del hígado, donde empieza a multiplicarse (replicarse). El VHC ocasiona inflamación del hígado y destruye las células hepáticas. Hasta el 80-85% de las personas inicialmente infectadas con el VHC pueden quedar crónicamente infectadas, lo que significa que la infección no desaparece en un plazo de seis meses. Casi todos los afectados por el VHC crónico están libres de síntomas y llevan una vida normal. Sin embargo, en el 10-25% de las personas infectadas con el VHC crónico, la enfermedad sigue progresando durante un período de 10-40 años, lo cual puede ocasionar graves daños hepáticos, cirrosis (cicatrices) y cáncer de hígado. En la actualidad, el VHC es la causa principal para realizar trasplantes de hígado. En el presente no existe una cura ni una vacuna para el VHC, pero sí diversos tratamientos que pueden reducir o detener la replicación del virus y ayudar a frenar o interrumpir la progresión de la enfermedad en algunas personas.

DATOS SOBRE EL VHC

  • El Instituto Estadounidense de la Salud (NIH) calcula que cerca de cuatro millones de estadounidenses están infectados por el VHC.
  • Aproximadamente 8.000 – 10.000 estadounidenses mueren cada año a consecuencia de complicaciones debidas al VHC. Se supone que esta cifra se triplicará en los próximos 10-20 años.
  • El VHC es la causa principal para realizar trasplantes de hígado.
  • Las personas con el VHC deben evitar el consumo de bebidas alcohólicas y el uso de drogas recreativas.
  • Las personas con el VHC deben vacunarse contra la hepatitis A y B si todavía no están inmunizadas.

 

El Hígado y la Hepatitis

El hígado es el órgano interno más grande y está situado bajo las costillas en la parte derecha del abdomen. Pesa tres libras aproximadamente (1,300 Kg) y tiene el tamaño de una pelota de fútbol americano. El hígado se ocupa de cerca de 500 funciones vitales. Procesa prácticamente todo lo que comemos, respiramos y absorbemos a través de la piel. Convierte las substancias que comemos y bebemos en energía y en material para formar músculos, hormonas, factores coagulantes y factores inmunitarios. Almacena muchas vitaminas, minerales y azúcares para que el cuerpo pueda utilizarlos más adelante. Las células hepáticas producen la bilis, la cual permite al cuerpo digerir la comida y absorber los nutrientes. El hígado elimina substancias tóxicas dañinas para el cuerpo. Además, es capaz de regenerar su propio tejido: las tres cuartas partes del hígado pueden regenerarse en tan solo unas semanas

Hepatitis significa simplemente inflamación del hígado. Puede estar ocasionada por distintos virus, sustancias químicas tóxicas, fármacos u otros factores. Las formas más comunes de hepatitis víricas son la hepatitis por el virus A (VHA), la hepatitis por el virus B (VHB) y la hepatitis por el virus C (VHC). La única relación entre estos tres virus es que todos afectan al hígado.

Sección II: Transmisión y Prevención del VHC

Transmisión del VHC

El VHC se transmite mediante contacto directo de sangre a sangre. Las vías de transmisión son el uso compartido de material para drogas tanto intravenosas como de otro tipo (jeringas, cucharas, torniquetes, pajas para esnifar, pipas, etc.). Las agujas utilizadas para hacer tatuajes, perforación del cuerpo y acupuntura también pueden propagar el VHC. El uso compartido de objetos personales tales como cuchillas de afeitar, cepillos de dientes y cortaúñas es menos peligroso, pero aun así son vías potenciales de transmisión.

Antes de 1992, muchas personas contrajeron hepatitis C a través de transfusiones de sangre o de productos plasmáticos contaminados. A partir de 1992 empezó a utilizarse un análisis de sangre confiable para identificar los anticuerpos al VHC. Desde entonces se analizan todos los suministros de sangre. En la actualidad, la probabilidad de contraer el VHC a través de sangre contaminada es menor del 0,01%. Un pequeño porcentaje de personas (aproximadamente el 1-3% de los heterosexuales monógamos) puede contraer el virus mediante prácticas sexuales sin protección. Los profesionales del sistema médico corren un mayor riesgo debido a los accidentes por picadas con agujas y por estar expuestos a situaciones inevitables que dan lugar al contacto directo con la sangre de personas infectadas.

Los profesionales del sistema médico tienen un mayor riesgo debido a los accidentes por picadas con agujas y por estar expuestos a situaciones inevitables que dan lugar al contacto directo con la sangre de personas infectadas.

La transmisión perinatal de madres infectadas por el VHC a sus hijos antes o durante el parto es menor del 5%. La posibilidad de que el virus sea o no transmitido depende de si la madre tiene un nivel elevado de virus en la sangre; además, las madres coinfectadas con el VHB o con el VIH tienen más probabilidades de transmitir el VHC a sus bebés. Algunos estudios han revelado que el VHC está presente en la leche materna, pero se cree que la transmisión a través de la lactancia materna es sumamente rara.

En el 10% de los casos no se consigue identificar la vía de transmisión del VHC. El virus de la hepatitis C no puede transmitirse por contactos casuales tales como estornudos, abrazos, toses, ni por compartir utensilios de comida o vasos.

Prevención del VHC

No debe compartir agujas ni ningún otro material para inyectarse drogas, cuchillas de afeitar, cepillos de dientes, cortaúñas, limas de manicura ni ningún otro artículo que contenga sangre. Asegúrese de que los instrumentos que se utilicen para realizar tatuajes, perforaciones del cuerpo o acupuntura están bien esterilizados; actualmente, la mayor parte de los profesionales utilizan jeringas desechables. Es preciso cubrir todos los cortes y heridas

Aunque la transmisión sexual parece presentar pocos riesgos, puede reducirse el riesgo practicando el sexo con protección, es decir, mediante preservativos y otras barreras. Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los EE.UU., si se sostiene una relación estable y monógama no es necesario cambiar las prácticas sexuales, aunque los dos miembros de la pareja deben discutir las opciones disponibles para protegerse si uno de ellos está preocupado por el tema de la transmisión. Si la mujer tiene el VHC, se recomienda evitar las relaciones sexuales durante la menstruación. Una higiene dental adecuada puede prevenir el sangrado de las encías, que constituye otra posible vía de transmisión.

Si ya tiene el virus, debe comunicárselo a su médico, al dentista y a todos los profesionales de la salud. Los profesionales de la salud deben seguir las normas universales de precaución cuando manejen productos sanguíneos. Si usted es una mujer con el VHC, consulte con su médico si está considerando quedarse embarazada.

Sección III: Progresión de la Enfermedad por el VHC

Después de la exposición al virus, el período de incubación oscila entre 2 y 26 semanas. La fase inicial de la enfermedad por el VHC se denomina infección aguda. La infección aguda normalmente remite al cabo de 2-12 semanas. Sin embargo, hasta el 80-85% de las personas inicialmente infectadas por el VHC no eliminan el virus de su organismo y quedan crónicamente infectadas. Casi todos los afectados por el VHC crónico están libres de síntomas y llevan una vida relativamente normal. Pero en el 10-25% de las personas, la enfermedad sigue progresando en el curso de 10-40 años. La infección crónica por el VHC puede producir daños hepáticos, desarrollo de tejido fibroso en el hígado (fibrosis), depósitos de grasa en el hígado (esteatosis), cicatrices hepáticas (cirrosis) e incluso cáncer de hígado. En los casos graves, puede ser preciso realizar un trasplante de hígado

La cirrosis es un proceso por el cual las células hepáticas resultan dañadas o eliminadas y se ven reemplazadas por tejido cicatrizado. La formación de grandes tejidos cicatrizados impide que la sangre fluya a través del hígado, ocasionando la destrucción de más células hepáticas y la pérdida de la función hepática.

En la cirrosis compensada, el hígado presenta muchas cicatrices pero puede realizar casi todas sus funciones, y los pacientes muestran pocos o ningún síntoma.

En la cirrosis descompensada, el hígado tiene demasiadas cicatrices y deja de funcionar. Los pacientes con cirrosis descompensada desarrollan a menudo complicaciones tales como varices (vasos sanguíneos estirados y debilitados) en el esófago y el estómago, hemorragias internas, ascitis (acumulación de fluidos) y otras enfermedades potencialmente mortales. También pueden experimentar confusión mental de carácter reversible.

El cáncer de hígado normalmente se desarrolla en las etapas más avanzadas de la infección por el VHC, después de 25 ó 30 años. El tipo de cáncer asociado al VHC se denomina carcinoma hepatocelular primario (CHC).

Sección IV: Síntomas del VHC

Muchas personas sienten pocos o ningún síntoma durante la fase aguda de la infección por el VHC. Casi todos los afectados por el VHC crónico también están libres de síntomas y llevan una vida relativamente normal. Sin embargo, otras personas experimentan síntomas leves semejantes a los de la gripe, tales como náuseas, fatiga, fiebre, dolor de cabeza, pérdida de apetito, dolor abdominal y dolores musculares o articulatorios. Algunas personas llegan a sentir síntomas más intensos similares a los de una gripe fuerte, acompañados de ictericia (que se manifiesta con un color amarillento en la piel y el blanco de los ojos) y oscurecimiento de la orina. Con el paso del tiempo (a menudo después de muchos años o incluso décadas), los afectados por el VHC crónico pueden desarrollar una diversidad de síntomas que indican daños hepáticos. El VHC crónico está asociado también a una amplia variedad de enfermedades posiblemente relacionadas con el virus.

Síntomas Relatados por los Pacientes con el VHC

Hepatitis C Aguda
• Síntomas similares a los de la gripe
• Inflamación abdominal
• Náuseas
• Fatiga (de leve a intensa)
• Dolor abdominal
• Vómitos
• Pérdida de apetito (anorexia)
• Fiebre
• Sudores nocturnos
• Diarrea
• Ictericia
• Indigestión
• Dolores musculares o articulatorios
• Dolores de cabeza

Hepatitis C Crónica
• Fatiga (de leve a intensa)
• Aturdimiento
• Cambios de humor
• Pérdida de apetito (anorexia)
• Náuseas
• Indigestión
• Dolores musculares o articulatorios
• Dolor abdominal
• Fiebre
• Dolores de cabeza
• Depresión

Hepatitis C Crónica
en Etapas Avanzadas con Cirrosis

• Fatiga (de leve a intensa)
• Fiebre
• Náuseas
• Pérdida de apetito (anorexia)
• Vómitos
• Micción frecuente
• Ictericia
• Indigestión
• Dolores de cabeza
• Dolores musculares o articulatorios
• Dolor abdominal
• Inflamación abdominal
• Depresión
• Cambios de humor
• Disfunción cognitiva
• Falta de concentración
• Confusión mental
• Sensación de mareo
• Problemas de visión periférica
• Retención de líquidos

Enfermedades Relacionadas con el VHC

Hay muchas enfermedades que se han asociado al VHC. Algunas de ellas son autoinmunitarias, es decir, el propio sistema inmunitario ataca a los tejidos del cuerpo. Entre las afecciones que se han observado en personas con el VHC crónico destaca el síndrome de Sjogren (caracterizado por sequedad de los ojos y la boca), enfermedades renales tales como la glomerulonefritis, problemas cardíacos y circulatorios como la trombosis, y afecciones cutáneas como el liquen plano (caracterizado por lesiones o bultos de color blanco) y la porfiria cutánea tardía (caracterizada por un sarpullido sensible a la exposición solar). Otras dolencias relacionadas con el virus son ciertos tipos de artritis (inflamación de las articulaciones), artralgia (dolor en las articulaciones), enfermedad tiroidea, vasculitis (lesiones en los vasos sanguíneos), y crioglobulinemia (niveles elevados de una proteína de la sangre que se deposita en los riñones, en la piel y en las terminaciones nerviosas). Casi todas las afecciones graves aparecen en las últimas etapas de la enfermedad por el VHC, en las cuales el hígado está muy dañado y deja de funcionar adecuadamente. Muchas personas con el VHC nunca experimentan ninguno de estos problemas. Consulte con su médico si siente síntomas fuera de lo común.

Sección V: Diagnóstico del VHC

La realización de la prueba del VHC no es rutinaria, por lo que deberá solicitársela a su médico. Se recomienda utilizar el mismo laboratorio para todas las pruebas, ya que los rangos y la precisión de los resultados pueden variar de un laboratorio a otro. Guarde las copias de los resultados de laboratorio y de la biopsia para futuras consultas. Las pruebas que se explican a continuación pueden ayudar a determinar si existe infección por el VHC y el estado de progresión de la enfermedad.

Pruebas de Anticuerpos al VHC

  • El ELISA II
    es un sencillo análisis de sangre que puede detectar los anticuerpos producidos en reacción al VHC.
  • El RIBA
    es otra prueba de anticuerpos que puede realizarse después de la ELISA II para confirmar el resultado positivo a anticuerpos.

Pruebas de Carga Viral

Las pruebas de carga viral miden la cantidad de virus que circula por la sangre. La carga viral del VHC se expresa en copias por mililitro de sangre o bien en una unidad de medida estándar denominada Unidades Internacionales. Existen tres tipos de pruebas para medir la carga viral:

 •la del ARN del VHC mediante
reacción en cadena de la polimerasa o RCP (por sus siglas en inglés HCV RNA
PCR);
 •la del ARN del VHC mediante el análisis de un segmento de ADN (bDNA)
 •y la prueba de multiplicación de ADN mediada por transcripción (TMA). La prueba bDNA es la menos cara pero también la menos sensible.

Las pruebas de carga viral se utilizan para confirmar que existe una infección activa, como herramienta de pronóstico de la respuesta al tratamiento médico y, durante el tratamiento, para evaluar el grado de eficacia de la medicación frente al virus. No se ha logrado establecer una correlación entre la carga viral y el estado de salud del hígado.

Pruebas Genotípicas

Las pruebas genotípicas se utilizan para determinar qué tipo de VHC se tiene. Esta información resulta útil para decidir qué medicamentos deben usarse y cuánto debe durar el tratamiento.

Pruebas de Enzimas Hepáticas
/Función Hepática/Bioquímicas

Las pruebas de enzimas hepáticas/función hepática evalúan determinadas funciones del hígado. Lo más común es medir la alanina-aminotransferasa (ALAT, denominada anteriormente SGPT) y la aspartato-aminotransferasa (ASAT, conocida anteriormente como SGOT). La ALAT y la ASAT son enzimas producidas en el hígado que se propagan por la sangre cuando el hígado está dañado. Suelen presentar niveles elevados cuando se padece una infección crónica por el VHC. Muchas personas portadoras del VHC muestran elevaciones ligeras o moderadas de estas enzimas, por lo que éste suele ser el primer indicador de la presencia del virus. Otras medidas son las de la alcalina-fosfatasa (ALK) y las de la gamma-glutamil-transferasa (GGT). Los resultados anormales pueden ser indicativos de cirrosis y bloqueo del tracto biliar, además de otras anomalías. Asimismo, el médico puede comprobar el tiempo de la protrombina (que indica la velocidad de coagulación de la sangre) y los niveles de bilirrubina. La bilirrubina es un pigmento que se detecta a menudo en la sangre de personas con inflamación hepática; la elevación de los niveles de bilirrubina ocasiona ictericia. Muchos factores, tales como la medicación y el consumo de alcohol, pueden producir resultados anormales en los análisis de laboratorio. Antes de extraer sus propias conclusiones debe consultar a un médico.

Biopsias de Hígado

Las biopsias se realizan para evaluar la gravedad de la inflamación, el grado de cicatrización y el estado general de salud del hígado. También pueden servir para decidir cuál es el mejor tratamiento a seguir. El procedimiento más común consiste en anestesiar la piel e insertar con rapidez una aguja larga en el hígado para extraer una muestra de tejido. Mucha gente muestra temor ante este procedimiento, pero es raro que ocasione complicaciones. Si aun así le sigue preocupando, puede pedirle al médico que le administre un tranquilizante suave antes de someterse a la biopsia y un analgésico después del procedimiento.

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